Alcides Sagarra suelta un gancho: Las mujeres tienen derecho a boxear

Cubadebate entrevista al exentrenador de boxeo Alcides Sagarra. Foto Reno Massola/ Cubadebate.

Son las nueve y media de la mañana de un miércoles cualquiera. No obstante, la jornada promete. No todos los días se tiene frente a frente al mejor entrenador de boxeo del mundo en el siglo XX.

“Papi los espera desde temprano. Está motivado con la entrevista”, nos dice su hija Consuelo al llegar. De guayabera y con una taza de café, Alcides Sagarra nos recibe en el sitio preferido de su casa, en el municipio habanero de Playa.

Es una pequeña habitación que ha decorado a su gusto y donde conserva valiosos recuerdos. “Este es mi salón de protocolo. Aquí está mi carrera deportiva”, comenta con el entusiasmo y la picardía característicos de los santiagueros, y señala sus fotos predilectas.

A sus casi 85 años, con lucidez y ágil sentido del humor, Sagarra sigue asestando golpes sobre el ring. Solo hay que hablarle un poco despacio para que libere entre 12 cuerdas una ráfaga de ideas del potente arsenal boxístico que no olvida. No se limita a responder preguntas, sugiere, interrumpe; ataca sin descanso y nunca baja la guardia.

De pronto, regresan las imágenes de su natal Santiago de Cuba, en los años cuarenta. Alcides entendió temprano el sacrificio de la vida. Para ayudar a su familia, dejó la escuela en cuarto grado. Fue una época difícil: vendió periódicos y cucuruchos de maíz, y hasta limpió zapatos.

“Desde niño me gustaba el deporte, y siempre me estaba fajando. Además, era asmático. A los 14 años, un profesor llamado Santos me recomendó que fuera al gimnasio de la calle Pereda, que la práctica del boxeo me ayudaría a superar mi problema crónico de salud, y a defenderme, porque cada vez que me decían algo, terminaba discutiendo.

“Con Santos di los primeros pasos. También me enseñaron Ángel Cabrales y Odelio Wilson. Poco a poco, me hice boxeador”.

Sagarra cuenta que llegó a ser campeón provincial y participó en 97 combates amateurs, de los cuales ganó 87. A los 19 años, en medio de la fiebre boxística de los cincuenta en Cuba y, con un buen aval como aficionado, rechazó el profesionalismo.

“A pesar de que en mi peso, los 57 kg, dominaba bastante y pegaba duro −dice riendo−, por mi madre y mi novia no incursioné en el boxeo rentado. Ellas me convencieron de no hacerlo y hoy se los agradezco. Siempre fui amateur”.

El sitio de la casa preferido por Alcides. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

¿Cómo llega al entrenamiento deportivo?

−Dejé de ser atleta llegado el momento para enseñarle a otros lo que había aprendido. Recuerdo que Antolín “el chino” Sánchez Gobín me pidió que lo ayudara con algunos muchachos, y así empezó todo.

“A principios de los sesenta me dediqué por completo al boxeo, y en 1964 comencé como jefe técnico del equipo nacional, con apenas sexto grado”.

A pesar de una difícil niñez, Sagarra nunca dejó de superarse. Logró licenciarse en Cultura Física y hacer el doctorado en Ciencias Pedagógicas, en 1992.

La escuela cubana, boxeadores, momentos…

Junto a Stevenson. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

¿Qué distingue a la escuela cubana de boxeo?

La calidad e integralidad de sus boxeadores, probada en intercambios a nivel centroamericano, panamericano, mundial, olímpico… Casi siempre han llegado a ser campeones.

“Además, la compenetración del colectivo técnico, la influencia de los entrenadores soviéticos, los sistemas de entrenamiento implementados… La disciplina exigida a nuestros púgiles.

“Para mí, uno de los grandes momentos llegó en 1972, con los Juegos Olímpicos de Múnich, cuando alcanzamos el primer lugar por países en el boxeo. Esto nos indicó que la escuela cubana iba por buen camino e iría en ascenso. Después, llegarían las Olimpiadas de Moscú 1980 y Barcelona 1992, en las que arrasamos”.

¿Cuáles han sido los mejores boxeadores que han pasado por sus manos?

−Teófilo Stevenson, Félix Savón, Ariel Hernández, Maikro Romero, Armando Martínez, Ángel Herrera, Rolando Garbey, Adolfo Horta y Roberto Balado.

¿Qué le decía a esos púgiles en medio de las peleas?

−Según cómo estuviera la competencia, se les daban orientaciones. A veces, había que apurarlos un poco. Les decía que si ya se les había olvidado lo que habían aprendido. ‘Tienes que demostrar lo que sabes: corta el paso, da un paso atrás, golpea con el gancho y con la mano izquierda para que lo aguantes’. Y si hacía falta, les daba una galleta. Eso no mata a nadie. Los activaba y salían a comerse el mundo.

“Los aspectos psicológicos son esenciales para defenderse. No es solamente atacar, tampoco ganar por nocaut. Es tratar, paso a paso, de conocer al contrario hasta derrotarlo. En lugar de dar y que no te den, buscamos no recibir y dar, uno de los principios de la escuela cubana de boxeo”.

El mejor y el peor momento en su carrera como entrenador…

El recuerdo más grato fue cuando la Asociación Internacional de Boxeo Amateur me seleccionó en el 2000 como el mejor entrenador del siglo XX en el mundo. Representó el premio a mi carrera.

“Y el peor lleva una anécdota. Compitiendo con Estados Unidos en el mundial de Houston 1999, me percaté de que nos estaban robando las peleas. Retiré al equipo e inmediatamente se acabó el campeonato para Cuba y, con ello, la oportunidad de alcanzar medallas.

“Al llegar a La Habana, Fidel nos esperaba en el aeropuerto. Me había echado el viaje pensando en qué me diría por la decisión que tomé. Cuando me bajé, vino hacia mí, me tocó el hombro y me dijo: ‘Felicidades. Tomas las decisiones en el momento adecuado, como Raúl. Hay que decidir las cosas cuando hace falta, y no consultar con nadie. Lo importante es resolver la situación’. La presencia de Fidel marcó a esa generación de boxeadores y entrenadores.

“Con él fue con el primero que hablé para la creación de nuestra escuela en la década del sesenta. Necesitábamos un centro que fuera netamente para la formación de boxeadores”.

A Fidel le pareció muy bien la sugerencia de Alcides y, poco a poco, ‘la finca del Wajay’, que había sido una propiedad de Fulgencio Batista, se convirtió en la casa de los púgiles cubanos.

“Con frecuencia, el Comandante iba a visitarnos y entrenaba con nosotros. Se ponía guantes, incluso, y pedía explicaciones al detalle de las últimas peleas que habíamos efectuado”, recuerda Sagarra.

Experiencia y juicios de un hombre del boxeo

Con el peso de su experiencia, el maestro de los boxeadores cubanos afirma que “este deporte exige mucho cuidado de la salud, independientemente de lo que diga la gente”. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

¿Qué no le puede faltar a un entrenador de boxeo?

Tener conocimiento del deporte y haberlo practicado; estudiar la defensa, el ataque, el contrataque, la ripostaY enseñar al boxeador de acuerdo con el tamaño, el peso en el que esté.

“Es necesario también dar el ejemplo. Este deporte exige mucho cuidado de la salud, independientemente de lo que diga la gente. No se puede estar bebiendo ni trasnochando. El descanso es importante porque es una disciplina muy técnica, que tiene aproximadamente 18 golpes. Hay que saber maniobrar.

“Además, se debe conocer al alumno no solo en el ring. Hay que estar al tanto de lo que hace cuando no está boxeando. Lógicamente, si la familia no tiene muchas posibilidades, hay que ayudarlo a que consiga un trabajo, algún dinerito para la alimentación.

“Ese espíritu de colaboración nunca ha faltado en nuestra escuela. Siempre se han tenido los aseguramientos, hasta en las épocas más difíciles para el país. En ocasiones, se ha mantenido a la familia con ellos, en la finca”.

¿Qué hacía Sagarra en sus tiempos libres?

−Me gustaba mucho la mecánica, incluso, trabajé en esa función un tiempo en el Ministerio de Salud Pública, antes de convertirme en entrenador. Luego, nunca perdí la costumbre y de vez en cuando cacharreaba un poco.

“También, como todo santiaguero, aunque lleve años en La Habana, me fascina bailar, y estar con la familia, a la que siempre he cuidado.

“La casa hay que tenerla limpia y decente porque en ella se guardan muchos recuerdos. Tuve tres hijos y ya tengo tres nietas. Hasta ahora nadie se ha dedicado al boxeo. Estudiaron lo que quisieron”.

Y actualmente, ¿a qué se dedica?

−A estar en casa, como dice la televisión. Estamos cuidándonos la salud para evitar contagios de la COVID-19. En la medida en que uno va teniendo edad, se da cuenta de que hay que estar tranquilo. Y ahora, con esta situación, cumpliendo las medidas, tú proteges a la familia también.

“No obstante, sigo el deporte. Cada vez que dan carteles de boxeo por Tele Rebelde, los veo, y antes de la pandemia iba algunas veces a la Ciudad Deportiva. Lo llevo en la sangre”.

El entrenador de boxeo Alcides Sagarra, en su casa. La Habana, 7 de abril de 2021. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

Cómo ve a los púgiles que se preparan para los Juegos Olímpicos de Tokio?

Tienen buen nivel y la responsabilidad de traer medallas para Cuba, porque si no, da la impresión de que el boxeo cubano está en decadencia, y no es así. Solo han cambiado algunos aspectos, ya no es amateur ni profesional, sino que cualquiera pelea amateur o profesional.

“En estos momentos, los que se preparan para la Olimpiada de Tokio están en buenas condiciones. Esto demuestra la trascendencia de nuestro trabajo y la continuidad lograda durante años”.

¿Proyecciones precompetencia para Tokio?

Mientras más alto sea el pronóstico, mejor. No podemos ir a Tokio a buscar dos medallitas, debemos pensar en grande.

“Siempre le digo a Acebal que, históricamente, nuestros boxeadores han tenido excelentes actuaciones, y por ello hay que exigirles que traigan lo mejor. Lo mejor es la medalla de oro.

“Ahora, no puedes prepararlos para un título en una semana; tienes que entrenarlos de Olimpiada en Olimpiada, y cuando llegue el momento salir a buscar el oro. No hay otra opción”.

(Alcides respira hondo, se cuadra y tira una combinación de dos rectos…)

−Lo otro, nuestras mujeres también deberían ir a los Juegos de Tokio. El boxeo femenino se practica en el mundo entero, no sé por qué en Cuba aún no se oficializa. Que Vilma no lo quería, es falso. Pensaba que las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres. Nunca las limitaría. Siempre quiso lo mejor para ellas.

“Ya es hora de acabar de aprobarlo. La mujer va a la guerra, hace guardia, maneja; de igual forma, tiene derecho a boxear. Y anota ahí, periodista: Este viejo de 85 años cree que lo hará, y lo hará bien. Hemos perdido tiempo, medallas y la satisfacción de enseñarlas a pelear. Espero llegar a verlas sobre el ring.

Hace más de una década, Alcides Sagarra no trabaja como entrenador, pero su mente sigue sobre el cuadrilátero, en la esquina de Cuba, sonriendo con Stevenson, haciendo señas a Armandito, dando alguna que otra lección que luego recorra el mundo.

32 títulos olímpicos, 63 en campeonatos mundiales y 64 en citas del orbe juveniles dan fe de su mayor obra: la escuela cubana de boxeo. El maestro de muchos, el filósofo de otros y para todos, el más optimista en los pronósticos.

Su vida continua girando en torno a las 12 cuerdas y no lo puede evitar, porque ahí las sensaciones son únicas: “He reído, llorado, me he equivocado, saltado de emoción… Soy un hombre del boxeo y me debo a él”.

Junto a Fidel. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

Alcides Sagarra atesora una rica historia del desarrollo del boxeo en nuestro país. Foto: Reno Massola/ Cubadebate.

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