Agramonte, el bayardo camagüeyano

Foto: Archivo

El Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte y Loynaz, al frente de la legendaria caballería camagüeyana que puso en jaque a los españoles, apenas durmió al analizar los informes traídos por los exploradores sobre la columna enemiga que los perseguía para vengar las derrotas sufridas pocos días antes.

Entonces, el sobresaliente estratega, que formó la base de un ejército disciplinado, debió elegir entre esquivar el entronconazo – pues debía avanzar hacia Las Tunas donde se preveía un encuentro con jefes orientales–, o enfrentar a la columna enemiga que venía en busca del desquite.

Decidido por la segunda opción, arengó a su tropa, precisó con los jefes de unidades las misiones y orientó el plan consistente en provocar a la vanguardia enemiga con una pequeña fuerza de jinetes cubanos que debía atraerla hacia el fondo del potrero de Jimaguayú, a unos 32 kilómetros de la gran ciudad y una zona rural bastante conocida por El Mayor.

Allí, la infantería de las huestes del Camagüey y Las Villas la detendría con su fuego, momento en que recibiría el ímpetu de una carga de la caballería camagüeyana por uno de los flancos y la retaguardia. Se trataba del clásico martillo mambí, una trampa cuya efectividad había sido más que probada.

¿Qué sucedió  en las horas siguientes? Aquel aciago 11 de mayo de 1873, cayó en combate El Mayor en los potreros, hoy sagrados de Jimaguayú. No sé sabe a ciencias ciertas, los detalles de los hechos. En algunas bibliografías refieren que su muerte la rodeó un misterio guardado por un silencio impenetrable.

El Doctor en Derecho e ilustre bayardo, nació en la ciudad de Puerto Príncipe del Camagüey el 23 de diciembre de 1841, en el seno de una familia de abolengo, culta, que le había asegurado educación esmerada y la formación de recios valores morales.

Un duro golpe significó su deceso para su amantísima esposa Amalia Simoni, quien renunció a todos los lujos y lo siguió a la manigua, donde ella brilló con luz propia por sus méritos  revolucionarios y patrióticos. La pareja se juró amor eterno y la fidelidad más absoluta, pasión plasmada en su epistolario amoroso y patriótico.

La viuda inconsolable, como lo sería hasta el final de sus días, marchó al extranjero y sobrevivió al impartir clases de piano y canto, siendo el sostén de sus dos pequeños hijos: Ignacio, el mambisito nacido en la manigua redentora, y Herminia, venida al mundo después de la muerte de El Mayor.

Ciertamente su deceso causó gran dolor y conmoción en los  mambises, quienes lejos de amilanarse continuaron al fragor de sus cargas al machete la guerra contra el yugo español y por la independencia de Cuba.

A 148 años de la muerte de Ignacio Agramonte, el bayardo y gran héroe de su tiempo, sigue siendo un ejemplo de patriotismo y sacrificio para las generaciones de cubanos de hoy y siempre.

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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