Abdala, orgullo corriendo en sangre pinera

Foto: Feu de Ciencias Médicas

Cuando este 28 de junio culminó en la Isla la intervención sanitaria con el candidato vacunal Abdala, más de 48 000 pineros tienen corriendo por sus venas no solo la fuerza de un país, sino la esencia de una nación que a pesar de estar sometida a un cerco económico, comercial y financiero, no conoce de límites cuando tiene la vida de su pueblo en juego.

La noticia de que Abdala había alcanzado en sus tres dosis una efectividad de 92, 28 por ciento no me sorprendió, si en algo he tenido fe desde que tengo memoria es en el sector científico cubano, ese que con pocos medios hace mucho, y lo hace bien.

En el pecho se me agolparon mil emociones, orgullo era la que primaba. Cuando por redes sociales me encontré con la imagen de un salón repleto de científicos y especialistas aplaudiendo a más no poder por saber que esa, su obra, ya no era más una esperanza, sino una concreta realidad, lo admito, una que otra lágrima se me escapó y no tuve fuerzas para enjugarla.

Merecía estar en mis ojos, merecía ser mi muestra humilde de agradecimiento al desvelo de tantos, a la constancia y al sueño cumplido de Fidel de convertir a este caimán en una potencia en lo que a ciencia se refiere.

Por un momento pensé en mis amigos dispersos en el resto del país, en la familia lejana con la que se habla una vez al mes pero siguen siendo sangre de tu sangre, en los miles de rostros de esta Cuba heterogénea que pronto, al igual que los pineros, tendrán a su disposición de forma gratuita las dosis no de una vacuna cualquiera, sino del cuarto fármaco contra la covid de mejor eficacia en el mundo entero y eso, señores, es una alegría que ningún bloqueo, medida extremista o falacia dicha a los cuatro vientos nos puede arrebatar.

Sin embargo, este es solo un tramo en el largo camino aún por desterrar al virus de nuestras vidas. Que en la Isla un gran por ciento de la población ya esté inmunizada es una garantía de que todo irá mejor, más no es sinónimo de que el peligro se desvaneció. Nuestros niños, embarazadas y otros sectores vulnerables de la población dependen todavía de los cuidados en extremo para mantenerse a salvo.

La disciplina, una y mil veces la disciplina resulta el arma más efectiva. A estas alturas ya ni siquiera apelar a la responsabilidad, pues está más que comprobado que no todos la tienen. Cumplir con lo establecido, ya sea por conciencia o por temor a una multa –los motivos varían tanto como las personas–, es ahora lo importante. Que nadie quede impasible, la vida de todos depende de eso.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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