Abdala más allá de Nubia

Todavía tiene 15 años; es el 23 de enero de 1869 y faltan cinco días para cumplir los 16. El Capitán General Domingo Dulce y Garay abre una llave de libertad de imprenta; quiere detener la insurrección del diez de Octubre, pero un levantamiento de pensamiento emerge de los periódicos. En La Patria Libre de Martí, un poema dramático lleva por nombre Abdala.

La historia toma cuerpo en una tierra llamada Nubia, es norte de África, mas sus letras están demasiado cerca de la palabra Cuba, y no es pura coincidencia. Son muchos los que se prestan a invadir Nubia. La respuesta es tajante: Pues decid al tirano que en la Nubia / Hay un héroe por veinte de sus lanzas: / Que del aire se atreva a hacerse dueño.

Un héroe por 20 de sus lanzas, es la expresión numérica del coraje y el sacrificio. Llega entonces el conflicto con la madre, Espirta. Ella no quiere que su hijo parta a la batalla y le suplica: iTu madre soy!… No es falta de heroísmo, es la fragilidad de la ternura, es la protección vital de la que da la luz. Pero el hijo no evade su responsabilidad ante la historia y le responde:

iSoy nubio! El pueblo entero/ Por defender su libertad me aguarda: / Un pueblo extraño nuestras tierras huella: /Con vil esclavitud nos amenaza; / Audaz nos muestra sus potentes picas, / Y nos manda el honor, y Dios nos manda / Por la patria morir, antes que verla / iDel bárbaro opresor cobarde esclava!

Deténgase en ese mandato raigal:… “Y nos manda el honor, y  Dios nos manda…” No hay contradicción posible entre el amor a la Patria y el amor a Dios. La esencia de esta cuestión ética y espiritual ya estaba en Félix Varela: No hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad.

Espirta, sin embargo, no entiende el amor de su hijo, para ella la patria es la familia: ¿Y tanto amor a este rincón de tierra?/iAcaso él te protegió en tu infancia? Y Abdala le responde con esos versos que saltan los muros: El amor, madre, a la patria/ No es el amor ridículo a la tierra, / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, /Es el rencor eterno a quien la ataca…

Será de las pocas veces que José Martí utilice la palabra odio; aun así está muy cerca de otra, la que funda y crea: el amor, como si buscara el equilibrio que sobreviene después de las canteras de San Lázaro:

Y tal amor despierta en nuestro pecho/ El mundo de recuerdos que nos llama /A la vida otra vez, cuando la sangre, / Herida brota con angustia el alma;- /iLa imagen del amor que nos consuela / Y las memorias plácidas que guarda!

Lanza entonces Abdala la frase que inclina la balanza entre dos amores incomparables: la madre y la Patria…¿Que hay algo más sublime que la patria?

Para Abdala no hay nada más sublime que la Patria; su resolución es irrevocable: Un rayo solo detener pudiera / El esfuerzo y valor del noble Abdala.

Y rápido como un reflejo llega para el héroe la hora de la muerte: iNubia venció! Muero feliz: la muerte /Poco me importa, pues logré salvarla… / iOh, qué dulce es morir cuando se muere / Luchando audaz por defender la patria!

Abdala es el que sirve a Dios: pero más allá de toda metáfora, este poema dramático nos revela que hay heroísmo en los pueblos que defienden la libertad, sean negros, marginales, nubios o anamitas. La historia escrita por Martí cuando apenas tiene un pie en el banco del colegio y otro para ir a la cárcel por infidente, es una premonición de su propia vida. Hay un doloroso desencuentro entre Leonor, que quiere a su hijo tan cerca de sus brazos, y la patria que se lleva a su hijo, lleno de piedad y ternura, al martirio.

Es que más allá de Nubia hay un anillo de hierro; la foto de María Mantilla cerca del pecho; le espera un carro de hojas verdes. No hay rayo que pueda detener al noble Martí. Suenan los disparos en medio del monte. De cara al sol, por Cuba, se deja clavar en la cruz, muere feliz, y vive.

(*) Colaborador

Historia Isla de la Juventud

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *