A viva voz y con luz propia en pleno monte

Foto: Diego Rodríguez Molina

Bajo la sombra de un frondoso Almendro, con los rayos del Sol declinando en un atardecer que se auguraba distinto, los vecinos del caserío rural del Caolín se concentraron para la consulta popular del Proyecto de Constitución que cobijará a todos los cubanos.

Sus primeras palabras fueron las estrofas del Himno Nacional entonadas a viva voz, de frente a la bandera de la estrella solitaria que allí dio vida a Fidel en los rostros de los hombres y mujeres a los que sorprendió la noche debatiendo de su futuro y de cómo perfeccionar su sistema político, más democrático y original mientras más cubano.

Con la misma firmeza con que corearon su canto de combate hablaron como propios de los artículos uno, el cual define a la Cuba que se está construyendo como Estado socialista de derecho; el cinco, que reafirma al Partido Comunistade la unidad como fuerza rectora de la sociedad, y el 224, donde se ratifica la irrevocabilidad del socialismo para todos los tiempos.
Dialogaron no solo del polémico artículo 68 referido al matrimonio de dos personas, sino también de los demás derechos sociales, económicos y culturales refrendados en el capítulo III y desarrollados en una amplia gama de prerrogativas como pocos países pueden mostrar.

Ante inquietudes se detuvieron en la profundización que hace el texto propuesto en el derecho de igualdad al incorporar a los ya existentes como el color de la piel, sexo y raza, la no discriminación por género, orientación sexual, origen étnico y discapacidad.

Emeterio Riveaux Velázquez, Yoanis Silva Pena y Liván Carmenate Arcia no solo intervinieron acerca de aspectos puntuales que deben conocerse, sino para enfatizar en lo avanzado del texto, la confianza con que se puso en manos del pueblo para enriquecerlo y la necesidad de elevar la cultura constitucional para cumplir la Carta Magna luego de aprobada.

Tan interesados estaban los participantes en esos temas que no se percataron que la noche se cerraba como boca de lobo, mas, todos regresaron a casa como si no hubiera terminado el debate e iluminados por ese sol moral y dignidad plena que irradia con luz propia a los cubanos en estas inéditas jornadas cabalgando con Fidel hacia un futuro mejor.

 

Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *