A primera vista y a distancia

Foto: Yesmani Vega Ávalos

Silvia Diéguez Marrero y José Conrado Cruz recibieron el flechazo de Cupido, hubo química, pasión… Más de 50 años han vivido juntos y este cuatro de enero celebraron su boda de oro, fruto de un amor nacido a primera vista y a distancia, como opina la pareja.

El diálogo acontece en el apartamento del matrimonio, situado en el primer piso del edificio frente al Mercado de Micro 70, los recuerdos estallan, tienen tomadas las manos.

Conrado, ecuánime, reveló detalles: “Estaba en Ejército en Santiago de Cuba a mediados de 1965, al tener pase visité a mi hermana en Antilla. La saludó una jovencita esbelta, de ojos verdes, enseguida me paré, le dije que si a mí no y me contestó, a ti también, siguió su camino, al regreso llegó a la casa.

“Hablé al otro día con el padre y autorizó que conversáramos, solo intercambiamos las direcciones para escribirnos porque debía retornar a la unidad militar. En cuanto salía la buscaba para ir al cine o dar una vuelta, aunque acompañados de la madre u otra persona, resultaba difícil robarle un beso.

“Para el fin de año conoció al resto de mi familia, nos hicimos novios por carta. Pude reencontrarme con mi amada, luego de seis meses de noviazgo por correspondencia”.

Dinámica, risueña, con mucha cubanía, Silvia habló: “Lo que mi esposo no ha dicho es que yo era y soy un mangón (risas y más risas)…Reconozco que los celos acababan conmigo; un día salió por la mañana y volvió tarde, me fue a besar y le viré la cara. Esa acción mía no le gustó a papá.

“Mi novio cuando vio mi bravura decidió darme una serenata. La letra de la canción era algo así como “…Pero dime que me dices prieta linda…” al final lo perdoné.

“Lo mandaron a Camagüey, luego a La Habana por 18 meses a cursar la Escuela Central de Instructores Políticos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far).

“El cuatro de enero de 1967 nos casamos. Cuando se graduó de oficial lo ubicaron en la capital. Cada encuentro constituía una nueva luna de miel, quedé embarazada. Conrado pidió venir a trabajar a Oriente, el 25 de mayo de 1968 llegó con el traslado y el 26 parí a José, mi primer hijo.

“Después del varón y en busca de la hembra tuvimos cuatro. Todos nacieron en el hospital de Antilla y tres en fechas significativas: Ernesto, el segundo, el Ocho de Octubre; Leonardo, el tercero, el 15 de Mayo, y Disley la más pequeña, el 27 de Noviembre.

“Con los niños chiquitos, una escalerita, trabajé en el Comité Militar, entré como auxiliar de limpieza, luego pasé a recepcionista y llegué a ser cocinera, tenía una amplia participación en las tareas de la Revolución, siempre apoyaba y asistía a las reuniones de la escuela. Los educamos con el ejemplo, buena comunicación, disciplina, decencia, el cariño y el respeto a los demás”.

Ya Conrado estaba jubilado de las Far cuando decide trasladarse con su familia hacia la Isla de la Juventud para unirse a la madre y hermanos que vivían aquí desde hacía varios años.

Trabajó en la Empresa de Cítricos y en el hospital general docente Héroes del Baire hasta el 2004, luego se hizo cargo de un autoconsumo familiar.

Por una mala pasada de la vida sufrió un derrame cerebral en el 2011, que le repitió en agosto del 2012, manteniéndose con tratamiento permanente bajo el cuidado de sus hijos y esposa.

A pesar de los sacrificios y las particularidades de la vida militar, en estas más de cinco décadas Silvia y Conrado han mantenido una relación estable, sincera y llena de un amor infinito.

 

Foto: Yesmani Vega Ávalos
Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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