A los estancados

¿Qué tal? ¿Cómo les va? Una compañera me intercepta en la calle y me asegura que la vida es un eterno combate: “Es dura pero se sale adelante, lo malo es achantarse, conformarse, no luchar y criticar a quienes se trazan metas; yo tengo una vecina que se pasa el día entero así, lamentándose y cuestionando.

“Y ese batallar lo aprendí de mi madre, que un día se quedó sola con siete hijos en plenas lomas del Escambray y tuvo que arreglárselas entre el fogón y el pedacito de tierra cultivado por mi padre hasta entonces. Salimos del atolladero entre todos y si logramos ciertos ahorritos fue por su ímpetu.”

Sus palabras me hicieron pensar en todas aquellas personas que se quedan atados a las escaseces y las crisis para detenerse en el camino y no progresar; pasan los años y en sus vidas desde el punto de vista personal ni laboral ocurren acontecimientos, esos que nos reafirman nuestra existencia y realizan como seres humanos.

Sí, porque en cada individuo encontramos lo que llamamos zona de confort, la cual los conduce a la prosperidad, la comodidad y el desahogo; sin embargo, si bien hallamos a quienes nunca llegan al último peldaño porque lo obtenido siempre les parecerá poco también tropezamos con los incapaces de batallar en aras de vivir mejor a pesar de los obstáculos.

A estos últimos se les conoce como “los estancados”, ellos por lo general siempre buscan excusas para vivir cada vez peor y andan tras las ventanas criticando al vecino, compañero de trabajo o supuesto amigo porque de manera honesta logra realizaciones y transforma su espacio.

No hace falta que las circunstancias nos obliguen a adoptar posturas de progreso, debemos perseverar y explotar nuestras potencialidades, e incluso, las que permanecen ocultas para reanimar nuestro entorno y hacerlo más placentero.

Mi llamado es a “los estancados” para que desaten los nudos y experimenten las tantas posibilidades que nos ofertan los plazos de la vida. Vayamos de reto en reto, porque ello significa confiar en nuestras capacidades.

Amigas y amigos, recordemos siempre que el tiempo es muy lento para quienes esperan, muy largo para los que se lamentan y muy corto para los que trabajan y luego festeja.

Los quiero

 

Conversemos
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *