28 días de cuarentena

Ya no se divisa el andar continuo de mujeres y hombres forrados con batas, nasobucos, guantes y pañuelos en la cabeza entre los edificios 22, 19, 35, 44 y otros 12 más del reparto Ángel Alberto Galañena. Después de 28 días, esa zona santafeseña en cuarentena ha dejado atrás las cintas que limitaban su acceso, las carpas de color rojo, el confinamiento obligatorio dentro de casa y, sobre todo, la angustia de tener más casos positivos de la COVID-19, como los que obligaron con 11 confirmados a establecer ese régimen de extremas restricciones.

Con alegría acogen vecinos, voluntarios y autoridades el levantamiento de la cuarentena. Foto: Marianela Bretau Cabrera

Hoy el área se encuentra libre de contagio. Alrededor de 70 personas trabajaron a diario allí en el control y enfrentamiento a la pandemia, héroes anónimos entregados a la noble tarea de servir de manera voluntaria a las familias de la demarcación, poniendo en riesgo su propia vida desde bien temprano hasta la tarde, incluso noches y madrugadas.

JORNADA MATUTINA

Dentro de dos días cesará el estricto aislamiento. El amanecer de este martes 19 de mayo augura seguir con la lluvia del día anterior. Falta poco para las ocho de la mañana y en la primaria Ernesto Guevara de la Serna, puesto de mando en La Fe, entran y salen una veintena de personas, flujo que aumenta al pasar la media hora.

En una de las aulas del primer nivel, el Consejo de Defensa de Zona da orientaciones para la jornada a los encargados de las tareas vitales en la comunidad en cuarentena, mientras en el pasillo central varios muchachones se forran con ropa aséptica antes de comenzar la faena.

El doctor Juan Carlos Ramos Reyes, jefe de los servicios médicos allí, me explica que su equipo garantiza la asistencia de salud a esa población y el avituallamiento diario del personal que labora en el área. Luego me entrega un vestuario protector para acceder.

“Desde el primer día –asegura– exigimos a los que pesquisan, mensajeros, fumigadores, personal médico y a los de varios organismos, el cumplimiento de las medidas higiénico-epidemiológicas y el uso de los medios de protección.

“Tenemos ocho doctoras estomatólogas en las pesquisas, tres fumigadores en los puntos de control del acordonamiento, –prosigue–  y otros en las fronteras de Júcaro y el puente de la entrada al poblado para la desinfección con cloro de personas y vehículos que entren o salgan”.

Un joven de 16 años me acompañará en el recorrido. Luis Alberto Bonet Maceo es estudiante de la escuela pedagógica Martha Machado y vicepresidente municipal de la Feem. Mientras esperamos que la lluvia mengüe para seguir, me cuenta que el trabajo de esos 26 días ha sido intenso, sin descanso, muchas veces terminan de noche, pero está contento con lo realizado y la experiencia vivida…

“Quienes cumplieron años en cuarentena tuvieron garantizado su cake y otros dulces, les cantamos felicidades desde afuera y hasta celebramos los 15 de una muchacha…, son detalles que llegan al corazón”, afirma.

BAJO LA LLUVIA

“Este es el punto número uno, por aquí entran y salen el personal y los vehículos porque hay que desinfectar todo. También es donde se recepcionan, además, batas, gorros, guantes y nasobucos, al terminar el trabajo”, explica Orlando Matos Morales, jefe de esa brigada de 15 mensajeros encargados de tramitar los mandados, mensajes y encargos de familiares de aquellos dentro de la zona.

Bajo lluvia y con paraguas proseguían los mensajeros su labor. Foto: Marianela Bretau Cabrera

Aún llueve y los jóvenes esperan la llegada del pan para repartir por los apartamentos. Ellos también son los responsables de llevarles la leche, el yogur, la compra de la cuota en la bodega, de las ofertas que traen regularmente Cimex, la Agroindustrial, Pescaisla, el Lácteo.

“¡Este es el mejor punto de control del Ejército Libertador! –sonríe y prosigue–. Soy de las de más edad, pero el resto es muy joven, estudiantes universitarios, maravillosos, máxima expresión de la frase martiana de que la mejor manera de decir es hacer, con altruismo y responsabilidad”, afirma Arletti García García, mensajera y profesora de Ingeniería Informática en la Universidad Jesús Montané Oropesa.

Confiesa que “ha sido muy difícil…, porque en este trabajo debes estar concentrada y tener organizado todo porque manejamos libretas de abastecimiento, compramos medicamentos y otros pedidos… Nos hemos convertido en una gran familia.

“Ha sido un aprendizaje muy lindo de ambas partes; ellos nos enseñan a ser más humanos, mejores personas, a conocerlos más allá de la vista y el saludo de lejos”, refiere García García, con sus padres de la tercera edad, viviendo en la demarcación.

Una ambulancia entra a la zona y se detiene para la desinfección que el sicopedagogo Mario Bandera se apresura a realizar.

Aprovecho la presencia del presidente del Consejo Popular de La Fe, Yoanis Mangana Armas, mientras coordina la venta de módulos de Labiofam. “La tarea de los mensajeros es muy noble, de lunes a domingo y sin horario. Tenemos una representación de estudiantes, trabajadores del Minint, las Far, las organizaciones y otras entidades”, precisa.

“Entre las acciones está la mensajería de la Western Union para quienes reciben remesas del exterior, así como la de Farmacia y entrega de donaciones. De igual manera, gestionamos con los organismos la posibilidad de tener siempre un cake y dulces para la celebración de los cumpleañeros, es una experiencia única…”.

SALUD ADENTRO

El personal médico es fundamental. El joven doctor Héctor José Chávez Linarez, explica que los encargados de realizar las pesquisas informan de las situaciones asistenciales y allá se dirige junto con la enfermera Midrialys Taquechel.

“Tenemos un gran porciento de ancianos, niños y cinco embarazadas, además de algunas puérperas. Las incidencias más frecuentes han sido cólicos nefríticos, gastritis crónica, hipertensión arterial y mucha depresión debido a la ansiedad en esta situación.

“Desde que llegaron de alta los recuperados de la COVID-19 se les da seguimiento diario y aunque al principio tuvieron reacciones adversas con el medicamento, que es normal, ahora se encuentran con buena evolución”, señala el doctor.

“Es un riesgo laborar aquí, pero no tengo miedo, entro a las casas de los pacientes bien protegida y me ha gustado este quehacer, aunque hay días en que me levanto muy cansada…”, precisa la enfermera Midrialys.

Entre el ir y venir del personal por las calles mojadas me encuentro con Mayra García Jerez, funcionaria de los CDR municipal y mensajera del edificio 44. Muy emocionada expresa: “No hay palabras para expresar lo logrado aquí por salvar vidas y cuando conoces lo que sucede en el mundo por la pandemia te das cuenta de que esta vivencia es única”.

Una de las vecinas, Yulibet Maceo Cervantes, asegura que es difícil no poder salir de casa, mas está consciente de la necesidad de cuidarse y “los mensajeros son divinos, siempre preocupados por nosotros; hasta se aprendieron nuestros nombres, igual que el médico de la comunidad muy atento; han hecho una gran labor”.

De regreso al puesto de mando, Diana Rosa Hernández Aguilar, de la Universidad Jesús Montané Oropesa, señala que el centro educativo estuvo en la primera línea de combate, experiencia documentada con fotografías, videos y audios en la cuarentena, como constancia de los protagonistas de esta historia de entrega, quienes durante 28 días trabajaron en función de las familias de más de 550 viviendas para evitar la propagación del virus y así contribuir a salvar vidas.

En uno de los puntos de control de la zona con sus protagonistas. Foto: Marianela Bretau Cabrera
La desinfección de vehículos y el personal es medida de rigor. Foto: Marianela Bretau Cabrera
Salón de avituallamiento y estancia del personal médico. Foto: Marianela Bretau Cabrera
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